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jueves, 4 de julio de 2019


     Los cronologistas literarios, los valedores de géneros, insisten en señalar a Poe como el creador del relato policial; algo que sin ser del todo erróneo, tampoco es completamente cierto. Entre otras cosas, porque tal afirmación omite, o pretende ignorar, que con su Mademoiselle de Scudéry, Hoffmann anticipó a Poe en dos décadas. Cierto, no hablamos del mismo rompecabezas mental ni de ese puro juego de ingenio que inauguraría el autor de Los crímenes de la calle Morgue; de hecho, Hoffmann se muestra con mucho menos meticuloso en la indagación del misterio aunque por ello mismo sobrado más desconcertante. Sin embargo, Mademoiselle de Scudéry bien puede ser considerado un relato policial en toda regla, y también una suerte de anticipo –incluso de modelo. Por lo demás, establecer principios no deja de ser nunca una labor de ingenuidad antes que de erudición. Ab ovo es igual a decir ab gallina y, por vía de consecuencia, a plantear menos una solución que un dilema, un absurdo –una paradoja. En lo que a mí concierne, muchas veces me divertí afirmando que el verdadero creador del género policial fue Gabriel Nicolas
Gabriel Nicolas de La Reynie
de La Reynie, el prefecto de Policía francés a quien Luis XIV encomendara el famoso proceso apodado «de los venenos». En vano busqué en la historia un 
affaire detectivesco de tanto nombre y popularidad antes de éste; sobre todo, que haya sido objeto de igual seguimiento por la sociedad de su época. La correspondencia de Madame de Sévigné, fechada durante dicho período, resulta ilustrativa al respecto: el público aguardaba las novedades relativas al caso de los venenos con la misma ansiedad con que luego las participaba o discutía, tal como si, menos que de un suceso de la realidad, se tratase de una ficción literaria escrita para ser leída en entregas semanales. Por otra parte, toda la legislación concerniente a la industria farmacéutica cambió de modo dramático a raíz de los hechos sacados a la luz durante el proceso. Y en lo que toca a La Reynie, no solo se trata del primer policía de fama, sino de aquel que «levantó el cargo de teniente del bajo y ordinario nivel que le es propio, para convertirlo en una especie de ministerio de grandísima importancia». Son palabras de Saint-Simon, a quien no se lo conoce precisamente por mostrarse rumboso en el halago. Pero hay más, cuando se siguen las preciosas notas que dejó el prefecto, se cree estar por momentos ante la primera versión, el original o el boceto, de esos tipos metódicos para el análisis, verdaderas máquinas de raciocinio, que más tarde –bastante más tarde– nos ofrecería la literatura a través de señalados ejemplos como los de Charles Auguste Dupin, Sherlock Holmes o el Padre J. Brown. Sigamos al propio La Reynie acerca del affaire de los venenos para apoyar tal presunción:

«He hecho cuanto he podido al examinar las pruebas y los indicios a fin de asegurarme y estar convencido de la verdad de los hechos, y no he podido lograr mi propósito; por el contrario, he buscado todo lo que podía persuadirme de que eran falsos y tampoco lo he conseguido» (Frantz Funck-Brentano, El drama de los venenos).

       Farsa para la medianoche, cuento seleccionado en el IV CERTAMEN E-DITARX EDICIÓN ESPECIAL DE RELATO HISTÓRICO-POLICIAL para integrar, junto a otros doce de sendos escritores, la antología El caso del reloj desaparecido, tiene como protagonista a esta suerte de precursor del detective sagaz que la tradición literaria nos ha legado, el mismo que a través de sus minuciosas y públicas pesquisas hizo posible al lector del relato policial antes de que el relato policial fuera todavía posible. Aunque escrita en clave de humor, la narración transita los oscuros y sórdidos recovecos de un siglo mucho menos regular y solemne de lo que los historiadores oficiales nos han acostumbrado a imaginar. Mi más sentida gratitud a Carmen Marcos y a Enric Flors por permitirme formar parte de esta nueva aventura literaria de E-ditarx.

La noticia completa en el siguiente enlace.

lunes, 16 de julio de 2018


Cierra los ojos y piensa en tres personajes históricos… ¡Ya! Seguramente has pensado en tres hombres, con gran poder (genocidas, revolucionarios, reyes o emperadores…). ¿Dónde quedan las mujeres? ¿Y las víctimas? ¿Y los antihéroes, niños, artesanos, campesinos…?

”Descubre que la historia puede tener otros protagonistas en los relatos de nuestros escritores”.

Con estas palabras, Editorial E-ditarx presenta Relatos de un viejo reloj roto: Antología que reúne las trece obras ganadoras del III Certamen de relatos breves de ficción histórica, entre las cuales figura mi cuento La rival.

Mi más sentida gratitud a Enric Flors, a Carmen Marcos y a todos los que hacen posible E-ditarx.


La noticia completa en el siguiente enlace.

martes, 24 de mayo de 2016


¿Qué fuerza misteriosa, nunca vista, se oculta en esta troika?
(Gogol, Almas muertas)

Si existen mundos capaces de poner a prueba nuestra capacidad de asombro, en lugar destacado debiéramos situar la Rusia zarista. No importa si nos remitimos a los tiempos de los grandes autócratas masculinos, a los de sus endebles herederos o a los de las grandes autócratas femeninas. A cada página, de este fenomenal relato, acentúase la impresión de que se penetra en un texto confuso, a veces anárquico y siempre terrible, escrito en una lengua secreta cuya clave elude el más esforzado sondeo.
En rigor, Rusia semeja aglutinar en sus anales todos los raros elementos capaces de hacer que la historia adquiera carácter de insólita y truculenta invención, o, quizás, de leyenda oral brotada de labios orientales y primigenios durante mil y una noches de sensual molicie.
Ninguna de las rudas poesías de lo grotesco falta. Ninguno de los imprevisibles juegos de luz y de sombra y de cuanta abrupta alternancia de opuestos sea dable concebir. Todo puede depararnos la lectura de estas curiosas páginas; todo, excepto lo convencional. Pues, ya fuere en el bien o el mal, en el amor o el odio, en el disfrute o el tormento, Rusia no acata la medida de lo ordinario; se revela irreductible a la regla de las proporciones o las simetrías; trasciende, sí, el mero desenfado para rozar, a cada momento, lo descomunal.
Pareciera ser que las fronteras del vasto país, casi sin límite cierto en lo físico, mostrasen reciprocidad en el espíritu de las criaturas cultivadas allí para gobernarlo. Los hechos de estos omnipotentes soberanos, en arremolinada y confusa amalgama, se ven sombreados de continuo por excesos de placer, de crueldad y de bufonesca demencia, a los que resulta difícil hallar paralelo. Otras geografías, otros climas y tiempos históricos contienen sus buenas dosis de rotura con los esquemas formales, es verdad; la diferencia es que aquí, lo extraordinario, se establece como lo habitual.
Hay que recalibrar la mirada antes de atreverse en estas desiguales perspectivas de desquicio y exponer los nervios a sufrir el vértigo, o el hechizo, de lo raro e incongruente. Hay que determinarse a penetrar esta suerte de bosque sembrado de distorsivos espejos cuyas artificiosas perversiones ópticas son capaces de poner a prueba los más aplomados raciocinios.

Una monstruosa satisfacción se inscribe dentro del dislocado marco histórico, de abigarrado juego ilusorio, que acabamos de esbozar, donde el ángulo de retrato concuerda sólo con la rotura, la deformidad, la subversión; donde la materia cambia a cada rato de ánimo y de forma; y donde la única medida, para las emociones y actos humanos que se refieren, está determinada nada menos que por la ausencia de toda medida.

jueves, 31 de marzo de 2016

Una monstruosa satisfacción


“Un año después de los dos volúmenes de Relatos en un reloj de arena, ofrecemos al lector quince nuevas obras firmadas por autores españoles e hispanoamericanos”. Así anuncia Editorial E-ditarx la próxima publicación de Quince relatos y un nuevo reloj. Antología que reúne las obras ganadoras del II Certamen de relatos breves de ficción histórica, entre las cuales figura mi cuento Una monstruosa satisfacción.
Mi más sentida gratitud a Enric Flors, a Carmen Marcos y a todos los que hacen posible E-ditarx.

 La noticia completa en el siguiente enlace.

jueves, 17 de diciembre de 2015

La fortuna o la muerte

¿Qué es lo que es siempre y no deviene, y qué lo que deviene
continuamente pero nunca es?
(Platón, Timeo)

Figuras hay, en la historia universal, que bajo distintos nombres se repiten a través de los siglos y de modo tenaz. Son como símbolos, fácilmente reconocibles, que en tiempos y escenarios diversos cumplen, casi sin variación, destinos análogos. En este sentido, la historia recuerda a la comedia del arte italiana, donde incontables actores se suceden para interpretar los determinados y contados roles de un drama premeditado.
Sólo que al hombre tras la máscara y la mímica, al individuo tras los actos y las palabras, al sujeto velado por el símbolo, no lo registra la historia; éste queda siempre anónimo y en misterio, guardado como en un secreto, bajo triple sello, en el fondo de su exclusivo ser.
        Tal es el caso de Concino Concini, favorito de una reina, aborrecido por grandes y pequeños, fuente de acres resentimientos para un joven rey.
Hasta nuestros días, su nombre ha encarnado el símbolo del hermoso aventurero a quien no arredra ningún límite moral a la hora de satisfacer su descomedida sed de premios y ventajas terrenas; de aquel, sí, que de la nada sabe hacer una gran ventura merced a su buena suerte con las mujeres.
Así lo conocemos, así nos lo revela la trama histórica, con rasgos que son comunes a otros tantos personajes situados en pareja coyuntura; pero del hombre impar nada o poco sabemos. Se trata de un fantasma que se ha desvanecido en la noche que ensombrece su memoria; ya que, huelga decir, hablamos de un símbolo oscuro.

Desandar, pues, el negro rastro de este fantasma mancillado puede resultar un viaje peligroso hacia la esencia misma del odio que lo desnaturalizó. Tal es, sin embargo, el viaje que propone La fortuna o la muerte. Una marcha alucinante bajo amenazas de sangre, rugidos de tormenta y complicados signos que se ahondan en el misterio de un hombre: ni todo luz ni todo sombra, roído por apetitos propios y ajenos, enredado en los hilos de una trama demasiado grande para ser comprendida incluso por él ‒la trama de su destino.

martes, 10 de marzo de 2015

Relatos en un reloj de arena (I y II)


E-ditarx presenta el Booktrailer de Relatos en un reloj de arena I y II, los dos libros que reúnen las veinticuatro narraciones ganadoras del I Certamen de relatos breves de ficción histórica, entre las cuales figuran mis cuentos: El símbolo de lo enorme (libro I) y Las voces mudas (libro II). Se lo puede disfrutar también en el siguiente enlace.


jueves, 29 de enero de 2015

Prólogo para Las voces mudas


        Mil vidas parecieran poder caber en una sola. Es lo que nos ocurre pensar luego de trabar conocimiento con ciertos personajes históricos de corte aventurero y sufrir el irresistible contagio del ímpetu frenético que ellos han sabido imprimir a sus febriles existencias. César Borgia es uno de esos ejemplos de vida múltiple y de inagotable aliento. Vistiendo la púrpura o empuñando la espada lo encontraremos siempre nuevo y distinto sin dejar de ser el de siempre y sin faltar nunca a su natural osado e inquieto. El escenario en el que se movió este extraordinario personaje, cuyo impulso no fue sino el de su enorme ambición, no parece tan vasto desde una óptica moderna. Sin embargo, al recorrerlo a su lado notaremos cómo la geografía se expande, cómo los horizontes se atirantan y los límites ciertos se esfuman, a tal extremo que lo anecdótico se pierde en los nebulosos terrenos de la leyenda. No es casual, por tanto, que muchos escritores se hayan sentido seducidos e inspirados por el héroe en cuestión y que tanta tinta se vertiera para perfilar su figura. Quizás no todos lo hayan plasmado con pareja fortuna (esto seguramente) ni con igual comprensión del hombre a tratar. Todo lo cual no daña al personaje; más bien por el contrario. Que haya profusos César Borgia en la ficción (y que muchos otros permanezcan aguardando cobrar forma en las sombras) es también un modo de hacer justicia a aquel que tantos supo ser bajo una misma carnadura –a través de una sola y única existencia.

Próximamente en Relatos en un reloj de arena II, E-ditarx.